Alquimia en obras. La edición de una revista de fotografía en México
ARTURO ÁVILA CANO
A punto de celebrar su vigésimo séptimo aniversario, un logro monumental para una publicación impresa, Alquimia, órgano de difusión del Sistema Nacional de Fototecas de México, persiste. El que fuera su primer editor –que además desarrolló esta tarea con devoción de místico y una disciplina ejemplar durante más de dos décadas– el historiador José Antonio Rodríguez, se reconocía a sí mismo como un necio. Y sí, aquí somos obstinados. Es el sello de una casa en la que sabemos que el compromiso es constante y el trabajo es de carácter colaborativo.
Hablar de la dinámica editorial de la revista Alquimia obliga a dar cuenta aunque sea de manera sucinta y muy general, de dos sistemas de los cuales forma parte y además se nutre. Uno de ellos es el académico, que está formado por diversas instituciones –entre las que destacan la Dirección de Estudios Históricos del Instituto Nacional de Antropología e Historia o la Universidad Nacional Autónoma de México y sus distintas facultades, sobre todo aquellas en las que la fotografía es objeto de estudio–. Los académicos adscritos a esos y otros centros de estudios a lo largo del país, desarrollan investigaciones en torno a la fotografía histórica o contemporánea, ya sea sobre imágenes del amplio acervo de la Fototeca Nacional o de otros archivos, tanto públicos como particulares. Antropólogos, estudiosos de la historia cultural, Historiadores del Arte, historiadores de la ciencias políticas o aquellos especializados en alguna región o temática en particular ven en nuestra publicación una sólida vitrina de gran prestigio para dar a conocer su trabajo y de ese modo seguir participando en la vida académica a través de encuentros y foros de discusión que se llevan a cabo tanto a nivel nacional como internacional.
Revista Alquimia, no. 83, Agencias, enunciaciones e imaginarios. Foto: Arturo Ávila Cano.
El otro sistema del cual se nutre nuestra revista es el fotográfico, que de suyo es complejo. Las imágenes históricas resguardadas en acervos, las realizadas por estudiosos, amantes de la fotografía, artistas plásticos, documentalistas, estetas, reporteros gráficos y demás, son utilizadas por los investigadores de las múltiples historias que conforman el universo fotográfico. Los productores contemporáneos de imágenes reconocen a Alquimia como un gran medio para que su obra llegue a un público más amplio, a lectores más exigentes, a personas que gustan de la iconografía presente en una imagen.
Sirva esta breve introducción para profundizar y particularizar sobre la dinámica editorial que desarrollamos en la revista Alquimia. Pongo de ejemplo el más reciente número, el octagésimo tercero, que lleva como título Agencias, enunciaciones e imaginarios. Las palabras utilizadas hacen referencia a conceptos que se utilizan en la Historia del Arte o en los Estudios de Género para referirse a la labor y presencia de las mujeres en distintos ámbitos, en este caso, la fotografía. Escribir sobre los detalles y entresijos del proceso editorial de ese número, es el propósito fundamental que anima a este escrito.
¿Cómo se eligió el tema?
En el marco de la reunión del Comité Editorial de la revista, efectuada a finales del año 2024, y que es encabezada por el maestro Juan Carlos Valdez Marín, director de la Fototeca Nacional, decidimos dedicar un número a la trayectoria de fotógrafas que desde el Arte y sus imaginarios, el fotoperiodismo o la práctica documental han realizado un notable trabajo que es objeto de admiración de propios y extraños. En la mencionada reunión se acordó –mediante decisión colegiada–, extender la invitación a tres notables académicas: Laura González Flores y Deborah Dorotinsky, del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM y a Rebeca Monroy Nasr, de la Dirección de Estudios Históricos del INAH. Todas ellas expertas en las historias y los entresijos de la fotografía mexicana. En aquel momento se pensó que bastaba con esas tres aportaciones para completar el número que en ese entonces aún no tenía un título definido. El tiempo nos demostró que era indispensable la incorporación de otra pluma para armar un número más redondo. Es usual que contemplemos la participación de cuatro personas para desarrollar los textos principales de cada número.
Es importante mencionar que es en la reunión anual que sostiene el Comité Editorial de Alquimia donde decidimos los tres números que vamos a trabajar a lo largo del año; en ese marco se elige a los autores de los textos principales y a los de las secciones que forman parte de nuestra revista, como aquellas dedicadas a la reseña de libros (dos por cada edición), otra dedicada al estudio de los soportes y materiales que conforman una imagen y la del Sistema Nacional de Fototecas (SINAFO), en la que escriben antropólogos, conservadores o historiadores que forman parte de las distintas fototecas que forman parte del SINAFO. Los textos principales de la revista abarcan 80 páginas en papel cuché, mientras que las secciones aquí mencionadas se imprimen en papel bond color hueso y ocupan 8 páginas en total.
Prosigo. A las colaboradoras propuestas para trabajar los contenidos del número 83 se les envió una invitación formal por parte del director de la Fototeca Nacional desde finales de enero del año en curso para que fueran construyendo su propuesta; es decir, que en un plazo de 7 meses nos enviaran su texto, acompañado de las fotografías a las que hacían referencia. Se les sugirió que nos hicieran llegar sus colaboraciones a finales de agosto o principios de septiembre a más tardar para hacer la corrección de estilo e ir pensando en la formación de sus textos. En Alquimia nos preocupamos por la forma y por el fondo. Estamos interesados en textos de interés general que atraigan la atención de un amplio conjunto de lectores, y en el despliegue atractivo de las imágenes.
Mientras llegaba el turno del número 83, las tareas editoriales continuaron con su ritmo habitual. Nos concentramos en armar el primer número del año, el octagésimo primero, que se dedicó por completo al Museo Archivo de la Fotografía de la Ciudad de México (MAF) que está próximo a cumplir dos décadas. Ese número se publicó en Abril y en el mismo participó gente vinculada al MAF. Tras finalizarlo proseguimos con la formación del número 82, dedicado al tema de la migración. Además de las faenas editoriales, propias de mi encargo, en esta ocasión colaboré con un texto sobre el trabajo gráfico que el documentalista y reportero gráfico Marco Antonio Cruz (MAC) realizó en la octava década del siglo pasado. MAC hizo la cobertura de los refugiados guatemaltecos que llegaron al estado mexicano de Chiapas a finales de la octava década del siglo pasado. Para elaborar ese contenido visité desde febrero de este año la Hemeroteca Miguel Lerdo de Tejada para extraer información periodística. Para contar con las imágenes de MAC, me reuní con la fotógrafa Ángeles Torrejón, viuda de Marco Antonio, quien tiene bajo su resguardo y responsabilidad el archivo de este prestigioso documentalista. Los demás textos fueron llegando poco a poco y todo el material, ya revisado y corregido, se le envió a la diseñadora para que fuera formando este número, que nos llevó aproximadamente 2 meses. El flujo de trabajo con la diseñadora es dinámico. Ella forma desde su espacio de trabajo, envía avances en pdf y en mi papel como editor reviso y sugiero cambios en la formación del texto y la ubicación de las imágenes. Es un flujo constante de retroalimentación que al final arroja los archivos que se enviarán a la imprenta, no sin antes contar con el visto bueno de nuestro director y del personal que nos auxilia en la corrección de estilo.
Revista Alquimia, no. 82, Fotografía y migración. Foto: Arturo Ávila Cano.
Tras el número dedicado a la migración, el dedicado a las fotógrafas se antojaba ya muy próximo. Para contar con una colaboración más, me reuní en junio de este año con Johan Trujillo Argüelles, gestora y gran conocedora de la fotografía contemporánea. Ella fue hasta 2024 Directora del Centro de la Imagen. Tras platicar brevemente sobre el asunto, Johan aceptó colaborar con un texto en el que iba a llevar a cabo una revisión sobre la fotografía contemporánea realizada por mujeres en México.
El séptimo mes del año llegó y comenzamos a comunicarnos con las autoras invitadas para saber sobre el progreso de sus colaboraciones. Con la doctora Rebeca Monroy Nasr sostuve varias pláticas sobre la edición de su texto y las fotografías que le acompañarían. Después recibimos la colaboración de Johan Trujillo y poco a poco fuimos gestionando con cada una de las fotógrafas que ella seleccionó, el préstamo de su imágenes en buena resolución (300 dpi y formato tiff). Posteriormente recibimos los textos y las fotografías seleccionadas de las doctoras Laura González Flores y de Deborah Dorotinsky. La tarea habitual fue revisar y en dado caso editar algunos de los escritos para enviárselos a la diseñadora, que poco a poco fue formando cada uno de los textos, con sus respectivas imágenes. Como ya se mencionó líneas arriba, este es un proceso dinámico en el que se revisa lo propuesto por la diseñadora y se hacen observaciones y sugerencias para mejorar el trabajo editorial.
Quiero destacar que el entorno cultural nos fue muy propicio para lograr que en todo el número 83 se hablara exclusivamente del trabajo realizado por mujeres. Mi intención como editor fue que las académicas reflexionaran sobre el trabajo de las fotógrafas y que en las secciones tradicionales de Alquimia se abordaran trabajos de o sobre mujeres, nada más. Para redondear este número acudí al Centro de la Imagen en agosto de este año a la presentación del libro Mujeres, género y feminismo de Karen Cordero Reiman, mi primer propósito, además de adquirir el libro, fue invitar a una joven académica para que reseñara la obra de Cordero Reiman. De esa manera invité a la doctorante Elizabeth Chávez para la escritura de ese texto. Ella a su vez me propuso invitar a la maestra Rosa María Luna que hizo una investigación sobre algunas fotografías de registro y vigilancia que forman parte del Acervo Histórico de la Ciudad de México para que participara en la sección Soportes y materiales. Para la segunda reseña me propuse escribir sobre el libro de una notable académica española, la doctora Stéphanie Onfray, autora del libro Retratadas. Fotografías, género y modernidad en el siglo XIX español. Ya con todo el contenido, me di a la tarea de pensar en el título de la publicación y en la escritura de la página editorial.
Colección de los números de la Revista Alquimia. Foto: Arturo Ávila Cano.
Revista Alquimia, no. 77, Afromexicanos. Foto: Arturo Ávila Cano.
No siempre logramos que todo el contenido del número responda a un tema en exclusivo; es decir, en ocasiones las reseñas van por otro lado y el contenido de las secciones Soportes e imágenes y SINAFO también, pero en esta ocasión todos los textos respondieron a un único interés.
Es mi deseo subrayar que el trabajo que desarrollamos en cada edición de la revista Alquimia es de carácter colaborativo. Todo el personal de la Fototeca Nacional nos empeñamos para que cada número sea del agrado de nuestros lectores.Nuestro propósito es que cada edición responda a los diversos intereses de académicos, estudiantes, conservadores, archivistas, fotógrafos o artistas visuales y público en general, que ven en la fotografía un motivo para apreciar la técnica y la iconografía presentes en cada imagen, para aprender de las historias plasmadas en ellas o para emprender investigaciones de distinta naturaleza.
Finalizo este texto haciendo énfasis en la relevancia de Alquimia en el mundo académico y cultural, tanto de México como del extranjero, ya que es reconocida como una valiosa fuente de información dado el compromiso y la seriedad de todos los que formamos parte de ella.
Como editor responsable tengo metas: conservar la calidad de la revista y abrirla a nuevas voces, a otras formas de escritura, a otras formas de apreciar, estudiar y ver lo que damos por sentado, para ello me reúno constantemente con muchas personas cuyos intereses se centran en las múltiples historias de la fotografía (académicos, artistas, archivistas, curadores, fotógrafos, gestores, etcétera). Asimismo adquiero con cierta frecuencia obras editoriales en torno a la fotografía para entrar en contacto con los autores o para reseñar sus libros. Además acudo con cierta frecuencia a exposiciones o charlas, todo ello con el fin de seguir construyendo un contenido textual y visual que siga generando interés en nuestros lectores habituales y ganar nuevos, tanto en México como en otras latitudes. ¡Larga vida a Alquimia!
Arturo Ávila Cano es Doctor en Historia del Arte por la UNAM y Maestro en Artes Visuales por la Academia de San Carlos. Estudió periodismo en la Facultad de Estudios Superiores Acatlán. Autor del ensayo Poéticas sobre la ceguera en la fotografía mexicana. Ha participado en los libros Abril. Mes internacional de la fotografía en Mérida (2024); Librado García Smarth. La vanguardia fotográfica en Jalisco (2019); Fotografía Artística Guerra. Yucatán, México (2017); 100 años de fotografía en El Universal (2016) y La representación del horror. Semiótica, Estética y Estudios Culturales, Universidad de Sevilla (2015). Miembro del Sistema Nacional de Creadores y editor de la revista Alquimia del Sistema Nacional de Fototecas del Instituto Nacional de Antropología e Historia.